Casi 30 años de oficio: El valor de la experiencia con nombre de mujer

Hay personas que parecen haber nacido entre estanterías de metal y catálogos de herramientas, pero para Cristina, todo empezó por puro azar. Lo que comenzó como un puesto en logística se transformó rápidamente en su verdadera vocación cuando el destino la puso frente al mostrador de ferretería. Desde entonces, han pasado 28 años.

Cristina Sendra

La experiencia como lenguaje universal

Si algo define el día a día en Orfer, es ese momento en el que un cliente entra buscando «la pieza esa que hace clic». Para muchos sería un jeroglífico, pero para ella es el pan de cada día. Cristina huye de la palabra «truco»; para ella, la clave es mucho más sencilla pero difícil de imitar: «No es ningún truco, es la experiencia de tantos años trabajando en este sector», afirma con la seguridad de quien ha visto pasar miles de soluciones por sus manos.

Esa agudeza visual y técnica no es fruto de la memoria, sino de la pasión. En un mundo donde hay que saber de fontanería, electricidad o madera para dar el consejo adecuado, Cristina no se agobia: «Simplemente es porque me encanta mi trabajo».

Un equipo equilibrado

Aunque la ferretería se suela ver desde fuera como un sector masculino, la realidad de Cristina ha sido muy distinta. Durante toda su trayectoria, ha formado parte de equipos donde las mujeres han tenido una presencia constante y esencial. «Aunque parezca mentira, somos muchas las mujeres que trabajamos en ferretería y bricolaje», nos cuenta.

En Ferretería Orfer, ese equilibrio es parte del ADN: un equipo de cinco personas donde cada uno aporta una pieza clave para que el engranaje funcione. Ella es uno de esos pilares que, con su veteranía, ayuda a mantener el nivel de servicio que nos define.

Cristina y Arantxa (Administración)

El compromiso de "lo imposible"

A lo largo de su trayectoria en Orfer, Cristina se ha convertido en una cara visible y de confianza para el asesoramiento técnico en Benissa. Para ella, el éxito del proyecto se resume en un compromiso que va más allá de vender un producto:

«Nuestra meta es que nadie se vaya sin una solución. Si un cliente necesita algo que no tenemos a mano, hacemos lo imposible por conseguirlo; ese compromiso por dar un buen servicio es lo que nos hace diferentes».

Mirando al futuro, en un mundo cada vez más digital, Cristina lo tiene claro. No espera procesos fríos, sino que su deseo es que «se siga valorando el trato cercano y la pasión por nuestro trabajo». Porque al final, un tornillo lo vende cualquiera, pero la solución exacta solo la da quien ama lo que hace.